
Por Andrea Lagos, fotos de Francisco Rapimán
Actualmente y hasta el 8 de noviembre la obra de Camila Montero se exhibe en la Galería Modigliani de Viña del Mar. Allí se puede apreciar “Encuentros”, un recuento de una obra basada en lo que vemos desde la ventana.
Camila Montero pinta lo que observa desde los 16 años de edad. Pintando, salió de una depresión bien severa: “Y me recuperé pintando al aire libre en el jardín, o en el taller frutas, jarritos, flores, un poco de retrato. Aluciné sobretodo con la percepción y la experiencia del color. Después entré a la Escuela de Arte y en el taller de Francisco Brugnoli, que era un profesor muy generoso”.
Hoy pinta en Limache lo que se le cruza por delante. Todo, real: flores, limones, zapallos, frascos con agua. Hasta el 8 de noviembre expone en la Galeria Modigliani de Dino Samoiedo, en Viña del Mar.“Exponer es una oportunidad de parar, revisar con mayor distancia lo que ha ido apareciendo en mi pintura, mirarlo en conjunto y abrirlo a otras miradas y percepciones”.
¿Por qué pintas limones, ajos, zapallos?
– Hay algo de apetito, hay colores y formas. En el caso de los zapallos, hay también un diálogo con una pintura pequeñita que vi de Adolfo Couve, un trozo de zapallo, me conmovió.

-¿Por qué escoges pintar lo cotidiano?
-En lo cotidiano es donde estoy, donde está mi cuerpo. La pintura es en relación con el tacto, con el sentido de la vista conectada al resto del cuerpo. Y la vida cotidiana es donde me encuentro parada. Las verduras que uso en la cocina, los rostros de familia o amigas, los autorretratos, las flores que me encuentro caminando a ir a dejar a mis hijas al colegio, las pinturas de jardines, o las vistas hacia el jardín o la calle que he tenido en las casas que he vivido.
Por otra parte, al pintar estos elementos que están en mi entorno, también estoy dialogando con una tradición de la pintura occidental, con los bodegones, retratos y paisajes que he visto.

–¿Qué belleza encuentras en la naturaleza, que te hace detenerte y pintar?
–La luz del sol sobre los cuerpos de las cosas, de las plantas, de las personas, de las montañas es para mi la belleza completa.
– ¿Qué encontraste en Limache que te quedaste?
– El cambio de escala desde una ciudad grande a un lugar más pequeño me ha hecho la vida más sencilla. Acá hago casi todo caminando y eso me encanta. Tengo más a la mano la naturaleza silvestre. Están el estero, los cerros, mis hijas.

–Tienes dos: ¿cómo consigues criar y pintar?
– A veces me parece que he mantenido al mínimo mi práctica, como un hilito de agua. Cuando mi hija mayor tenía 2 años la pintaba a veces cuando dormía siesta, que era cuando tenía tiempo. Mi hija menor pronto cumple 4 y todavía no la he pintado, no he sido capaz.
Ella a veces se ponía a dibujar o pintar y decía “estoy trabajando”, imitándome… me daba risa. Creo que tanto pintar como criar, son esencialmente experiencias placenteras. Lo complejo es todo lo demás. Contar con una red de apoyo o recursos, conciliar los cuidados con el trabajo.
A veces el cansancio pesa. Entre mi primera hija y la segunda hay seis años. Pinté bastante en los embarazos, he tenido la suerte de sentirme bien. Siempre he pintado en las casas donde he vivido, a veces en la cocina, en el patio, en una pieza, hasta en el baño. Siendo mamá si he necesitado más encerrarme en el taller, en la casa anterior lo hacía.
Ahora mi taller es un espacio abierto conectado a todo lo demás, no tengo la opción de encerrarme, pero pinto cuando puedo estar sola al menos dos horas seguidas. El crecimiento de un ser humano desde que nace es tan dinámico, que pintar cuidando es muy cambiante también.

-¿Quiénes son tus referentes?
Morandi, toda su obra. Su persistencia en modelos acotados y en una paleta acotada. Las texturas en sus pinturas. Peter Dreher, su obra del vaso que pintó miles de veces. La pintura como práctica meditativa, de atención, de conciencia. Vuillard, su trabajo de color, su forma de construir sus interiores con figuras en las que no hay planos de profundidad sino que todo es como un tapiz. Farfield Porter: La soltura en su pintura, la relación entre la mancha más gestual y la figuración, especialmente sus retratos e interiores.











