por @quena
Todas las semanas deberían cerrar con un show de Helado Negro. Seguro que así todos seríamos mejores personas.
Esa es la idea que nos quedó dando vueltas al salir del Club Chocolate el domingo 2 de noviembre, donde Roberto Carlos Lange, el músico y productor estadounidense de origen ecuatoriano, más conocido como Helado Negro, dio un show impecable, tan simple como poderoso.
Ya lo habíamos visto en Chile el 2022, en Club Amanda (en el marco de ese literalmente irrepetible Primavera Sound) donde se presentó con el apoyo de un bajista y un baterista, pero esta vez fue solo él quien apareció sobre el escenario, con un traje de seda en colores morados y verdes que daban una apariencia tornasol, reflejando muy bien el espíritu que provoca su carisma: liviano y luminoso.
En cuanto a instrumentos, llegó apenas con una guitarra, un teclado y un par de sintetizadores para acompañarlo a modo de base, dándole espacio a su increíble voz y carisma para que pudieran ser los protagonistas.
Roberto se ganó el premio Zancada al mejor cantante, mejor bailarín y sobre todo, mejor compañero. Desde la primera canción logró una conexión muy fuerte con el público, invitándonos varias veces a que nos soltáramos, a que cantáramos y bailáramos junto a él, animándonos a entrar en su mismo espacio de alegre paz, haciéndonos sentir que ahí cabíamos todos, aunque esa calma se sienta tan lejana cuando solo faltan horas para empezar una nueva semana de rutina laboral, y peor: un nuevo mes, especialmente cuando es el penúltimo del año y todo empieza a recordarnos que se viene todo lo que implica el temido diciembre.
Pero hacer que esas contradicciones funcionen es la especialidad de Helado Negro, quizás por su perfecta mezcla entre lo latino y lo global.
Su música es bailable y tranquila a la vez, electrónica pero orgánica, eufórica pero calmada. Lo mismo pasa con sus visuales, en las que manipula simples momentos capturados de la naturaleza como nubes, copas de árboles moviéndose con el viento o la sombra de una rama sobre la pared, para convertirlas con efectos de edición en visiones abstractas y psicodélicas que combinan perfecto con la música que entra por nuestros oídos.
Además de regalarnos ese estado zen y buena onda tan necesarios, en este concierto tuvimos el privilegio de escuchar por primera vez algunos adelantos del EP The Last Sound on Earth, que verá la luz este viernes 7 de noviembre, además de versiones únicas y al parecer exclusivas de algunas de sus canciones, en un experimento que él llamó “Santiago Special” y que incluyó una entrega improvisada de la canción Agosto o una versión preciosa y minimalista (solo él y el piano) de Best For You and Me, uno de los hits de su disco más reciente, Phasor.
De ese mismo álbum, y a pesar de los ruegos de algunos en el público, nos hizo falta una de las más conocidas: LFO (Lupe Finds Oliveros), pero probablemente hubo algún impedimento técnico para interpretarla en este formato.
Si simplemente no quiso tocarla, lo perdonamos también. Helado Negro puede hacer lo que quiera; el escenario es suyo y lo que sea que pase sobre él, seguro nos garantizará que la nueva semana va a partir bien.
