
Entre lo visible y lo invisible, entre la historia y la intuición, la artista Isidora Kauak Aguad nos invita a cruzar el umbral del hogar como espacio espiritual, intelectual y creativo en su nueva exposición “Espíritus Domésticos”, presentada en la Galería Sagrada Mercancía.
A través de una instalación que combina archivo histórico, símbolos y una mirada contemporánea al espiritismo chileno del siglo XIX, la artista propone reactivar la memoria del espacio doméstico como un portal entre mundos —un lugar donde las voces femeninas de otra época siguen resonando.
Conversamos con Isidora sobre las conexiones entre lo doméstico y lo espiritual, las mujeres que convirtieron sus casas en territorios de conocimiento y cómo esas presencias aún dialogan con el arte actual.

¿Qué te llevó a interesarte por el espiritismo chileno del siglo XIX y qué te llevó a detectar tan claramente este vínculo entre lo doméstico y lo espiritual?
Mi interés surge de una investigación más amplia sobre las relaciones entre arte y esoterismo occidental, principalmente en Latinoamérica. En Chile, el espiritismo del siglo XIX me pareció muy interesante porque se desarrolló, en gran parte, dentro del espacio doméstico y bajo una gran presencia femenina. La intimidad del hogar se transformaba en un lugar de encuentro, de intercambio y también de experimentaciones creativas. Detectar esa relación entre lo espiritual y lo doméstico fue una manera de reconocer el hogar como un portal y de comprender cómo, desde los márgenes, las mujeres articularon sus propios lenguajes autónomos y formas de comunicación con lo invisible.
En la exposición, el hogar se plantea como un umbral entre mundos. ¿Qué significa para ti esa idea de “mediación” entre lo visible y lo invisible en la vida cotidiana?
La mediación es una forma de tránsito, un punto de encuentro entre planos que generalmente se conciben como separados. En mi trabajo, esa idea se manifiesta y radica en la experiencia artística misma. Para esta exhibición me interesó indagar en la historia del lugar que hoy alberga Sagrada Mercancía, entendiendo el espacio como un cuerpo que conserva huellas, voces y energías, en el que las presencias no son necesariamente físicas, pero sí perceptibles. Esa mediación cotidiana —entre distintos tiempos, materias y dimensiones— es en lo que me interesa detenerme, porque ahí existe la posibilidad de hacer visible lo invisible.

Tu trabajo combina archivo histórico, símbolos y esoterismo occidental. ¿Qué hallazgos te sorprendieron más?
El hallazgo más significativo fue descubrir la conexión genealógica entre este lugar y una figura directamente vinculada con el espiritismo. María Luisa Recabarren Rencoret, bisabuela de una antigua propietaria de la casa, fue retratada por Raymond Monvoisin, pintor francés que vivió en Chile y que fue gran amigo de Allan Kardec, fundador y sistematizador del espiritismo francés. Ese cruce inesperado entre historia, arte y espiritualidad me permitió trazar rutas entre pasado y presente.
También me sorprendió la dimensión afectiva del archivo: la manera en que los documentos y las imágenes contienen una carga que puede ser reactivada y reinterpretada a través del arte contemporáneo.

¿Qué te inspira de las mujeres espiritistas del siglo XIX como artista hoy?
La autonomía con la que estas mujeres construyeron sus propios espacios de pensamiento y acción, desde un lugar casi secreto. A través del espiritismo generaron comunidad, estableciendo redes y diálogos que, de cierta manera, se convirtieron en una forma de resistencia.
Me resulta profundamente inspirador, porque tanto en su momento como en el presente esto permite repensar estructuras establecidas —espirituales, sociales y epistemológicas— desde un lugar sensible y creativo. En convocar, escuchar y crear colectivamente encuentro una resonancia muy profunda con la práctica artística contemporánea, porque, al fin y al cabo, se están proponiendo modos alternativos de conocimiento y de relacionamiento con el entorno.
¿Cómo esperas que el público se relacione con esta muestra? ¿Buscas que la experiencia sea más sensorial, reflexiva o espiritual?
Eso es algo que no puedo ni quiero controlar. Solo busco una pausa. La muestra invita a quien observe a detener el ritmo acelerado, a descubrir dimensiones veladas, a dejarse envolver por mensajes ocultos y a reconocer la cualidad nigromántica del arte… porque el arte puede conjurar distintos tiempos y puede convocar a vivos, pero también invocar a muertos.
