Monsieur Periné en Santiago: una celebración de la alegría en tiempos extraños

No es primera vez que Monsieur Periné se presenta en Santiago, pero sí fue la primera vez que vi a la banda que conocía por su Tiny Desk el 2016.

Por Bernardita Yannucci

No es primera vez que Monsieur Periné se presenta en Santiago, pero sí fue la primera vez que vi a la banda colombiana liderada por Catalina García y que conocía por su concierto en Tiny Desk del 2016. Verlos en vivo me confirmó que se trata de una banda que entiende el escenario como un lugar de encuentro, o eso es lo que percibí la noche del viernes 29 de mayo en el Teatro Coliseo en la que el público fue invitado a formar parte de una celebración compartida donde la música, el amor y la ternura ocuparon el centro de todo, igual que en esa pequeña oficina de los estudios de NPR Music en Washington DC.

Desde su aparición en el escenario, Catalina, vocalista del proyecto, confirmó por qué es una de las voces más carismáticas de la música latinoamericana actual. Con su presencia luminosa y cercana, condujo el concierto con naturalidad, alternando canciones, anécdotas y reflexiones que fueron armando una atmósfera íntima a pesar del frío otoñal santiaguino.

La propuesta de Monsieur Periné sigue siendo difícil de encerrar en una sola etiqueta. En sus canciones conviven el Caribe, el bolero, el pop, el jazz y la canción latinoamericana, pero sobre todo, una manera particular de mirar el mundo que se refleja en sus letras que hablan del amor en todas sus formas, de la importancia de cuidar lo que nos sostiene, como la naturaleza, los afectos, las comunidades que habitamos y el lugar que cada uno tiene en ellas. Quizás por eso la conexión con el público fue tan inmediata, no había distancia entre el escenario y la audiencia o al menos, no se percibía. Cada canción encontró su reflejo en cientos de voces que conocían las letras de memoria. Fue un concierto donde la complicidad estuvo desde antes que sonara la primera canción y se mantuvo hasta el cierre de la sala.

Para mí, uno de los momentos más significativos fue escuchar Mundo paralelo. Fue la canción que me llevó a descubrir a Monsieur Periné durante los meses inciertos de la pandemia, cuando el tiempo parecía haberse detenido y las prioridades comenzaron a ordenarse de otra manera. En esos días aprendí a valorar con más atención las pequeñas cosas y también la llegada de un perro que adopté en ese período para volverse mi compañero de encierro y que terminó convirtiéndose en parte fundamental de mi vida. Escucharla en vivo fue volver por un instante a ese aprendizaje y a recordar que la felicidad muchas veces se encuentra en cosas que ya tenemos cerca.

Hubo momentos de baile colectivo, otros de contemplación y algunos más emotivos. Entre ellos, uno destacó por sobre todos los demás. En medio del concierto, una pareja fue invitada al escenario en una dinámica que parecía ser una interacción más con el público, pero terminó transformándose en una propuesta de matrimonio que estaba preparada con anticipación, lo que, para mí, es simplemente el reflejo de la sencillez de la banda y la buena onda con sus fans chilenos. Fue un ratito simplemente humano y precisamente por eso resultó tan conmovedor.

La noche también permitió apreciar la capacidad de la banda para moverse entre la energía festiva y la delicadeza sin perder su coherencia escénica. Un momento podía estar marcado por ritmos que invitaban a bailar y el siguiente, por una interpretación más íntima que invitaba a escuchar con más atención. Ese equilibrio ha sido siempre una de las claves del proyecto.

En tiempos donde gran parte de la música popular parece construirse desde un lugar urgente, Monsieur Periné ofrece canciones que buscan acompañar, hablarnos de amor sin cinismos y de hacer comunidad desde la conciencia del lugar que habitamos en nuestros territorios. Tal vez por eso generan una relación tan profunda con quienes las escuchan.

Esta presentación me dejó la sensación de haber participado de un encuentro alegre entre amigos que no se habían visto por mucho rato, como si por un par de horas los espacios colectivos de disfrute musical pudieran ser una especie de  mundo paralelo.