Perfil creativo: Rocío Concha y su marca Chomba

Por @zancada Fotos de Constanza Miranda

Rocío Concha empezó su carrera como directora de arte en agencias de publicidad, hasta que un día decidió ampliar sus horizontes hacia la gestión de proyectos enfocados en el comercio justo, la artesanía local y el trabajo cooperativo, lo que se tradujo en la fundación de Chomba, su propia marca de tejidos co-creados con artesanas chilenas y la apertura de Complot, una tienda colaborativa de diseño independiente.

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Cuéntanos la historia de tu marca. ¿Cómo, cuándo y por qué partiste con este emprendimiento?

Partí con este emprendimiento a fines del 2017, al ver un problema muy tangible que se repetía en distintas ciudades de Chile: muchos artesanos y pequeños talleres textiles se quejaban de que, con la entrada masiva de ropa china y la pérdida de los oficios tradicionales, ya era muy difícil vivir de su trabajo.

Siempre he sido muy chalequera, me encantan los ponchos, las mantas y los tejidos, así que cada vez que encontraba un chaleco bonito en algún viaje, se lo compraba directamente al artesano. Me ponía a conversar con él o ella, y ahí empezaba a notar este diagnóstico que se repetía: el oficio se estaba apagando.

Después volvía a Santiago con mis tejidos puestos y la gente siempre me los piropeaba: que dónde lo había comprado, que qué lindo, qué especial. Entonces pensaba: “Bueno, hay una oportunidad aquí. Hay un mercado potencial para este tipo de prendas, y quizás los artesanos podrían seguir tejiendo durante el año si logramos abrir nuevos canales y llegar a otras personas”.

Desde ahí, empecé a aplicar lo que yo sabía hacer, que era comunicar, diseñar, hacer que las cosas se vean bonitas. Desde la dirección de arte sentí que podía aportar, conectando estos talentos heredados que forman parte de nuestra identidad como país, con un público que valora lo exclusivo, lo hecho a mano, lo que tiene historia.

Porque en Chile nos gusta la ropa, nos gusta vernos bien, tener piezas únicas. Y yo ya veía que había un nicho consciente creciendo hace rato, que ahora es mucho más fuerte. Ahí nació Chomba: como una forma de refrescar la artesanía local, conectar con artesanos de distintas regiones, descentralizar el trabajo de la capital y generar oportunidades reales para que estos oficios sigan vivos y valorados. Y, al mismo tiempo, que sus productos lleguen a personas que los aprecian.

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Nos encanta el nombre Chomba. ¿Cómo se te ocurrió ponerle así?

Le puse Chomba a este proyecto porque, para mí, un chaleco es mucho más que una prenda: es algo abrigadito, un verdadero abrazo de lana. Cuando te lo tejió tu abuela, cuando está hecho a mano, se vuelve algo muy especial, con historia, con cariño.

Siempre me ha alucinado pensar que una prenda puede venir, literalmente, del pelo de un animal. Que esa lana se enrosque y se transforme, con tiempo y dedicación, en algo tan cálido para otra persona… me parece mágico.

Elegí la palabra “chomba” porque es un modismo chileno que lleva esa calidez incorporada. Tiene algo muy nuestro, muy cotidiano, que conecta con la identidad del proyecto. Yo quería mostrar una imagen país desde otro lugar, más cercano, más real… más amoroso también.

Decir chomba no es lo mismo que decir suéter o chaleco. Tiene un carácter propio y una cercanía que siento que transmite exactamente lo que quiero provocar con este proyecto. Para mí, esa palabra dice todo lo que quiero que una prenda transmita: calor, tradición, identidad y cariño. 

Y además de esas ideas, que por cierto lograste transmitir muy bien, ¿cuáles son los valores que te propusiste levantar cuando creaste la marca? 

Los valores principales de Chomba para mí son tres. El primero es la originalidad: no solo como algo distinto o creativo, sino también cómo volver al origen, trabajar desde ahí, desde las raíces del oficio. El segundo es la colaboración. Sin colaboración, sin co-creación, este proyecto no existe. Y el tercero es la sustentabilidad. Siempre buscamos generar el menor impacto posible: desde el uso consciente de materiales, siendo ser zero waste, con el menor packaging posible, manejando los tiempos del slow fashion, hasta experimentar con nuevas fibras que respeten tanto el proceso como el medio ambiente.

¿Cuáles son los materiales que elegiste para poder cumplir con ese propósito?

Trabajamos con distintos materiales porque queremos adaptarnos a diferentes necesidades y presupuestos. Pero nuestro fuerte, sin duda, son las prendas 100% lana, especialmente para nuestras chombas y chalecos tejidos.

También usamos mezclas con acrílicos, que además de ser hipoalergénicos, tienen una caída muy bonita y permiten que algunas piezas sean más accesibles. Además, exploramos materiales menos comunes, como alpaca PET reciclado, y trabajamos con algodón Pima e hilos más livianos para nuestras colecciones de verano.

Porque sí, aunque mucha gente asocia los tejidos solo al invierno, en Chomba queremos acompañar a los friolentos todo el año. Pensamos en ese momento típico en que te vas a la playa y sabes que en la tarde te va a dar frío, pero no tienes idea qué ponerte ni dónde encontrar un chaleco en pleno enero. Chomba está para eso: para tener ese chaleco liviano que te salva en la playa, el que combina con una falda o el que te abriga justo cuando baja la temperatura.

Nos encanta jugar con texturas y experimentar. También tenemos opciones 100% acrílicas pensadas especialmente para personas veganas, que valoran el trabajo local y artesanal, pero que prefieren no usar fibras de origen animal.

En el fondo, nuestra propuesta se basa en eso: tejidos hechos localmente, con amor, en distintas materialidades, para distintas personas, climas y momentos. Desde piezas más accesibles hasta opciones premium para quienes buscan algo más exclusivo. Porque lo que más nos mueve es seguir creando, explorando y tejiendo nuevas posibilidades.

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¿Quiénes has descubierto que son tus principales clientes?

Cuando partí con Chomba, pensé en un público entre los 25 y 50 años. Pero con el tiempo me di cuenta de que nuestros clientes son mucho más transversales. Al final, lo que une a quienes nos eligen no es la edad, sino lo que buscan: prendas con diseño, con color, con historia. Nos compran personas que valoran un chaleco bien hecho, que les dure mucho tiempo, que tenga una fibra orgánica o que venga de una cadena productiva consciente, con enfoque en el territorio y en las manos que lo tejen.

Nos encanta tener ese tipo de público: personas que conectan con el fondo y la forma, qué valoran lo hecho en Chile, lo diferente, lo que no van a encontrar en el retail. Y como tenemos productos para distintos presupuestos, eso también nos permite llegar a más personas, sin perder lo esencial: que cada pieza sea única, con identidad, y hecha con cariño.

A nivel internacional, muchos de nuestros clientes son chilenos que viven fuera y extrañan su país. Nos encanta poder acompañarlos desde lejos y ayudarlos a reconectar con su tierra a través de una prenda que les recuerda a Chile: su lana, sus colores, su calorcito.

También hay muchos extranjeros que se enamoran de nuestro país y admiran profundamente el trabajo textil que hacemos, llevándose regalos para sus familias y amigos, y contando un pedacito de Chile a través de cada prenda. Es muy lindo ver cómo nuestro imaginario textil logra traspasar fronteras.

¿Qué has aprendido durante la experiencia de tener una marca propia?

Lo que he aprendido teniendo una marca propia es que los negocios pueden y deben ser agentes de cambio en la sociedad. Siempre tuve esa hipótesis, incluso antes de emprender. Creo firmemente que las comunicaciones podían generar transformación, especialmente cuando se trabajaba desde equipos multidisciplinarios. Y lo mismo sentía con los negocios: que podían resolver una necesidad social, ser significativos, conscientes y atractivos.

Chomba fue, en ese sentido, un experimento. Quería ver si era posible crear un proyecto que fuera útil, con propósito, y al mismo tiempo estéticamente valioso. Y funcionó. Ha sido un camino desafiante, con una pandemia, un estallido social, recesión… pero aun así, aquí estamos. Lo que nos ha mantenido de pie ha sido hacer las cosas de forma distinta, con honestidad, mostrando lo que realmente hacemos, siendo cercanos con los artesanos y coherentes con nuestra propuesta.

Hoy, después de casi nueve años, puedo confirmar esa hipótesis: cuando un negocio trasciende lo material y nace para responder a un problema real, cuando busca aportar a una comunidad aunque sea con el pretexto de una prenda, el impacto se siente. Gana la sociedad, ganamos todos.

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Las prendas de Chomba se pueden comprar principalmente en su página web chomba.cl y en Santiago en la tienda Complot en el Drugstore (Av. Providencia 2124, Local 03Q). ¡También llegan con envíos a todo el mundo!

En Instagram, las encuentras en @_chomba

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