The Devil Wears Prada 2: El diablo todavía se viste a la moda

Cuando sale una segunda parte que nadie pidió de una película tan, pero tan icónica como The Devil Wears Prada (que por algo es el estreno más hypeado en lo que va del año), es lógico que haya una tendencia a desconfiar y a esperar los comentarios antes de arriesgar lo que vale una entrada al cine y dos valiosas horas de tu vida. 

Pero al respecto podemos decir dos cosas: 
1. Vela con confianza. The Devil Wears Prada 2 no es la estafa de marketing que fue la segunda parte de Zoolander. 
2. No esperes muchos días para verla; los spoilers ya están inundando las redes, y hay sorpresas que es mejor que no te las cuenten.  

Disclaimer: Acá, por supuesto, no tenemos ninguna intención de sumar a esos spoilers, así que lo que viene es un review que puedes leer con toda tranquilidad. 

The Devil Wears Prada 2: El diablo todavía se viste a la moda 1

La película tiene más o menos (por no decir exactamente) la misma estructura y ritmo que la original, y mantiene a sus protagonistas. Los personajes nuevos son absolutamente secundarios, seguramente porque el elenco original no necesitaba ningún tipo de refuerzo. La química entre ellos sigue siendo impecable. Andy, Emily y Nigel han cambiado muy poco y solo Miranda quizás un poquiiiiito más, y ciertamente ninguno de ellos parece haber envejecido ni un día en estos 20 años. 

Pero hay alguien que sí se la ha llevado dura en este tiempo, y que en esta versión entra como un nuevo villano: la industria de los medios, y esa es la sorpresa más interesante de la secuela. Nadie esperaba que esta película fuera a mostrar de manera tan real y acertada la triste realidad del declive de los medios, los despidos masivos en el rubro, la digitalización del contenido, la reducida capacidad de atención de las nuevas generaciones de “lectores”, el reemplazo sin ningún escrúpulo de todo lo que vale la pena por uno o dos prompts de inteligencia artificial y la reducción de presupuesto que todo esto significa para un medio como Runway, que, de partida, ya ni siquiera tiene una versión impresa. El contenido por el que tanto se esfuerza Andy ya no vale nada al lado de un titular efectivo, ahora Miranda tiene que colgar su propio abrigo, viajar en clase turista y tratar de seguirle el ritmo a la cultura woke, y las marcas de lujo solo se financian gracias a sus líneas de retail (que nadie se explica cómo, pero en esta economía todavía hay gente dispuesta a pagar). 

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Lo que sí esperábamos –y aquí es donde muchas películas de este tipo tienden a fallar–, era el inevitable fan service: la resolución de algunas tensiones que habían quedado entre los personajes, la redención de los que en algún momento se habían portado muy bien, y las muchas referencias a las escenas más memorables de la primera The Devil Wears Prada. 

Por suerte, todo eso se logró muy bien. Con la obviedad justa, pero con muchos aportes nuevos que de todas maneras llegan a sorprender y sacar risas de las de verdad. 

TDWP2 es una excelente actualización, no cae demasiado en la nostalgia y nunca llega a parecer un refrito. Además está mejor filmada, las locaciones son aún más increíbles que las de la primera y las ciudades donde se hizo se aprovechan mucho mejor (si algo bueno pasó en este tiempo, es que las tomas aéreas salen mucho más baratas).

No podemos decir mucho más sin romper nuestra promesa de no caer en spoilers, pero si este review no llegó a convencerte, o si por alguna razón sigues con dudas de si ver o no The Devil Wears Prada 2, hay un argumento que vale mucho más que cualquier opinión: Hasta ahora, para Meryl Streep era una regla inquebrantable no hacer secuelas. ¿Crees tú que la mejor actriz de la historia rompería su propio mandato para hacer el ridículo y quedar mal? 

That’s all.

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